Cada nueva crisis internacional confirma el valor de la bioenergía

javier díaz presidente de asociacion española de la biomasa

EDITORIAL de Javier Díaz, presidente de AVEBIOM, para la revista BIOMASA NEWS nº13, primavera de 2026

Repasando los temas que abordamos en este número de BIOMASA NEWS, más convencido estoy de que la bioenergía es una pieza fundamental para avanzar con paso firme en la descarbonización de la economía. Y es que, aunque la generación eléctrica con biomasa es importante, representa solo una pequeña parte del enorme potencial que ofrece la bioenergía.

Sus posibilidades son mucho más amplias: desde la producción de calor, que supone más del 60% del consumo total de energía en la UE, hasta el biogás y el biometano, con objetivos ambiciosos que siguen ganando peso en toda Europa. A ello se suman otras vías en pleno desarrollo, como el metanol de origen biogénico, con un gran potencial para contribuir a la descarbonización del transporte marítimo; el biochar; la gasificación de distintas biomasas para producir energía o aplicaciones agrícolas; y los biocarburantes, cuyo desarrollo avanza con fuerza.

En conjunto, la bioenergía despliega un abanico de soluciones tan amplio que debería situarse como uno de los ejes principales para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, en muchos casos de forma inmediata.

No quiero dejar de referirme tampoco a la delicada situación internacional que estamos viviendo. Como ya ocurrió con la guerra entre Rusia y Ucrania, la nueva escalada bélica en Oriente Medio vuelve a traducirse en un encarecimiento de los combustibles fósiles, especialmente del petróleo y del gas. Y eso termina repercutiendo en cadena sobre carburantes, electricidad, fertilizantes, costes industriales y, en definitiva, sobre el precio de muchos bienes de consumo, incluidos los alimentos, con el consiguiente impacto sobre la inflación.

En este escenario vuelve a quedar claro todo lo que la bioenergía puede aportar. Ante el encarecimiento del gas fósil, soluciones como las redes de calor muestran aún más claramente su ventaja competitiva. Los usuarios conectados a sistemas de calefacción distribuida basados en biomasa pueden beneficiarse de una mayor estabilidad de costes, gracias, por ejemplo, al comportamiento mucho más estable del precio de la astilla forestal, principal biocombustible en muchas de estas instalaciones.

Y no se trata solo de precio. También está en juego la disponibilidad. Una eventual escasez de combustibles fósiles podría generar graves problemas en muchos sectores que aún dependen de ellos. Frente a ello, la apuesta por la bioenergía, como ya están haciendo numerosas empresas de la industria agroalimentaria, de bebidas, del papel, de la madera o del sector químico, aporta una ventaja competitiva extraordinaria: seguridad de suministro, mayor previsibilidad de costes y una alternativa real para avanzar en descarbonización.

Por último, quiero destacar la firme apuesta del sector de los gases renovables por la sexta edición del Salón del Gas Renovable. La respuesta empresarial está siendo extraordinaria, con una contratación de expositores que supera ampliamente la registrada en la edición anterior. Es una prueba más de que las empresas están decididas a sustituir los gases fósiles por gases renovables, que no solo ofrecen una solución energética, sino que también contribuyen a gestionar estiércoles, purines y otros restos orgánicos, generando además fertilizantes naturales competitivos y cada vez más valorados por el sector agrario.

 

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