Los árboles crecen y cada año suman 45 millones de metros cúbicos de madera y biomasa más a lo que ya existe en los montes. Convertir una parte de esta madera y biomasa en energía para calentar, por ejemplo, viviendas puede ayudar a reducir la carga de combustible y la intensidad de los incendios forestales.
Hasta el pasado 1 de julio, España llevaba 46.715 hectáreas quemadas, según EFFIS, el sistema europeo de información de incendios integrado en Copernicus. Más del doble de la media histórica para estas fechas (22.394 hectáreas en el periodo 2006-2025).
Los incendios forestales dependen de muchos factores, pero no todos pueden gestionarse. No podemos cambiar la topografía ni evitar los episodios de calor extremo, sequía o viento. Pero sí podemos actuar sobre uno de los elementos que más condiciona la propagación del fuego: la vegetación acumulada en el monte.
Prevenir es más eficaz y más barato que actuar solo cuando el incendio ya es una emergencia. Algunas estimaciones sitúan la extinción en torno a 19.000 euros por hectárea y señalan que cada euro invertido en prevención puede ahorrar hasta 100 euros en extinción y restauración. Son cifras orientativas, pero dejan claro que invertir antes del fuego reduce riesgos, daños y costes.
España cuenta con 28,4 millones de hectáreas de superficie forestal, el 56% del territorio nacional. De ellas, 19,2 millones son montes arbolados. Cada año, los montes españoles generan alrededor de 46 millones de metros cúbicos de nueva madera y biomasa, pero solo se aprovechan unos 16 millones, en torno al 35%, frente al 65%-70% de media europea.
Es decir, cada año se incorpora al monte mucha más biomasa de la que se aprovecha, con el consecuente aumento del riesgo de un gran incendio forestal, fuera de la capacidad de extinción humana.
España podría movilizar de forma sostenible 5 millones de toneladas adicionales al año en 2030 y hasta 10 millones en 2050 para distintos usos: construcción, papel, cartón, bioeconomía o energía. Esto ayudaría a reducir combustible en el monte, facilitar la gestión forestal y disminuir el riesgo de grandes incendios forestales.
La extinción es imprescindible, pero los grandes incendios de los últimos años han demostrado que los medios humanos y materiales tienen límites cuando coinciden viento, sequía, altas temperaturas y grandes continuidades de combustible forestal.
Utilizar la biomasa para generar energía de forma “civilizada”
La valorización energética de la biomasa debe formar parte de las estrategias para la prevención de incendios. La bioenergía no evita por sí sola que los haya, pero puede ayudar a que muchos montes estén mejor gestionados.
Los restos procedentes de podas, claras, clareos y otros tratamientos selvícolas pueden transformarse en astilla o pellet y destinarse a producir calor renovable en equipos tecnificados de última generación para viviendas, edificios municipales, colegios, residencias, hospitales, piscinas climatizadas, redes de calor o industrias.
La prioridad debe ser actuar en zonas donde la reducción de combustible tiene mayor impacto preventivo, siguiendo criterios técnicos y ambientales. Desde entornos de pueblos y urbanizaciones y áreas de interfaz urbano-forestal a masas arboladas con exceso de densidad, montes sin gestión continuada o puntos estratégicos para facilitar la labor de los equipos de extinción.
De esta manera, se conectan dos objetivos: reducir el riesgo de grandes incendios forestales y avanzar en la sustitución de combustibles fósiles por energía renovable de proximidad.
La existencia de calderas, una red de calor o una industria cercana que consumen biomasa forestal de cercanía, mejora la viabilidad económica de los trabajos preventivos. Dar valor al material retirado del monte, permite financiar parte de los costes de recogida, transporte y tratamiento, además de generar empleo en zonas rurales donde mantener la gestión forestal resulta a menudo difícil.
Construir entre 100 y 200 nuevas redes de calor con biomasa forestal hasta 2030 podrían movilizar hasta 1,2 millones de toneladas al año de biomasa; y sustituir 500.000 equipos de calefacción obsoletos por sistemas modernos de biomasa, que requerirían otras 530.000 toneladas de biocombustibles sólidos.
Una campaña europea para mostrar experiencias que funcionan
La campaña europea “Fuel the solution, not the fire” —Alimenta la solución, no el fuego— también señala que se puede facilitar la viabilidad de la gestión forestal dando valor a la biomasa que se retira del monte. El documental impulsado por Bioenergy Europe muestra experiencias en Cataluña, Toscana y Ática de gestión forestal sostenible y bioeconomía para reducir la acumulación de combustible y valorizarlo.
En el caso catalán, la biomasa se transforma en astilla y se utiliza para suministrar calor renovable a servicios públicos como el Hospital de Terrassa y varias instalaciones de la Universitat Autònoma de Barcelona. Un modelo que logra vincular una demanda térmica estable con cadenas locales de suministro de biomasa, favoreciendo la gestión del monte y la actividad económica en el territorio.
En definitiva, la valorización energética de la biomasa forestal representa una oportunidad para anticiparse a un grave problema. Gestionar el monte, retirar combustible, valorizar los restos vegetales y convertirlos en energía renovable permite ahorrar recursos públicos, proteger vidas, conservar la riqueza natural y generar actividad económica en el medio rural.
Invertir más en gestión forestal y en valorización de la biomasa es evitar que el futuro se queme mañana.