El informe Renewables in District Energy subraya la importancia de la biomasa, el calor residual y otras fuentes renovables para descarbonizar la calefacción urbana
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado el informe Renewables in District Energy, en el que analiza el papel de las energías renovables en los sistemas urbanos de calefacción y refrigeración. El documento sitúa las redes de calor y frío como una infraestructura relevante para reducir emisiones, mejorar la seguridad energética y diversificar el suministro térmico en zonas urbanas, industriales y residenciales con demanda suficiente.
Según la AIE, las redes de calor ya suministran energía a más de 600 millones de personas en todo el mundo y representan alrededor del 10% del consumo final global de calor. Sin embargo, muchos de estos sistemas siguen dependiendo de combustibles fósiles, especialmente carbón y gas natural. Las renovables aportan todavía solo el 7% del calor en redes a escala mundial, una cifra reducida frente al potencial disponible.
El informe identifica como tecnologías clave la bioenergía, la geotermia, la solar térmica, las bombas de calor de gran escala, el calor residual y el almacenamiento térmico. Dentro de este conjunto de soluciones, la bioenergía ocupa una posición destacada. La AIE subraya que la bioenergía sostenible sigue siendo la base de la mayoría de los sistemas de distrito que ya operan con una alta proporción de energía renovable.
Su despliegue se ha apoyado en cadenas de suministro de biomasa seguras y competitivas, en la conexión con los sectores forestal y agrícola y en políticas orientadas a reducir la dependencia de combustibles fósiles importados. Además, la bioenergía aporta una característica significativa para los sistemas energéticos actuales: capacidad de gestión. Puede suministrar calor renovable de forma estable y combinarse con otras fuentes renovables o calor recuperado.
En España la biomasa también es la principal energía renovable en redes de calor, con cerca del 80% de redes abastecidas. De acuerdo con el último inventario de AVEBIOM, España contaba en 2025 con 584 redes de calor y frío con biomasa, que suman 549 MW de potencia instalada, atienden una demanda térmica próxima a 878 GWh anuales y evitan la emisión de más de 248.000 toneladas de CO₂ al año.
Estas infraestructuras suministran energía a más de 4.200 edificios y a más de 42.400 viviendas en bloque, además de viviendas unifamiliares, equipamientos públicos, centros educativos, instalaciones deportivas, residencias, hospitales y edificios terciarios. Aunque muchas redes se localizan en municipios pequeños, las grandes redes concentran una parte muy significativa de la potencia instalada y de la energía térmica suministrada.
Esta doble escala permite que las redes de calor con biomasa se adapten a realidades territoriales muy distintas. En municipios pequeños, pueden aprovechar recursos forestales o agrícolas de proximidad y mejorar la eficiencia energética de edificios públicos. En ciudades y barrios consolidados, ofrecen una vía para sustituir sistemas fósiles dispersos, profesionalizar la operación térmica y facilitar la conexión de grandes consumidores de calor.
El informe de la AIE incide también en la importancia de combinar distintas soluciones renovables dentro de las redes de calor. Una red puede operar con biomasa como base estable de suministro e incorporar progresivamente otras fuentes, como calor residual industrial, geotermia, solar térmica, bombas de calor o almacenamiento térmico, cuando las condiciones técnicas y económicas lo permitan.
En España, avanza el futuro marco regulatorio para las redes de calor y frío. Pronto contaremos con un Real Decreto impulsado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que incorpora aspectos como la definición de redes eficientes, la simplificación administrativa, la integración del calor residual, el acceso de terceros a las redes y el desarrollo de garantías de origen térmico.
La AIE identifica los retos económicos y regulatorios como factores determinantes para acelerar el despliegue de estas infraestructuras. Entre ellos figuran las inversiones iniciales, los periodos de retorno, la modernización de redes existentes, la adaptación de edificios y la creación de modelos de financiación adecuados para infraestructuras térmicas de larga vida útil.
También menciona la captura, uso y almacenamiento de carbono asociada a la bioenergía como una línea de innovación para avanzar hacia sistemas con emisiones netas negativas. La incorporación de BECCS a instalaciones de biomasa existentes podría contribuir de forma relevante a los futuros objetivos europeos de absorción industrial de carbono.